domingo, 27 de junio de 2010

Rosas

sabía que ese día era importante, por su cargo tenía que lucir bien: terno y corbata. Llegó cuando la ceremonia de confirmación ya estaba empezando, estaba repleto, pero en los primeros bancos, los más cercanos al altar, estaba ella y su grupo de niñas. Mientras afuera había un grupo de personas que vendían flores, y un fotógrafo. Buscó el ramo más bonito, y lo compró.

Esperó el fin de la ceremonia, hasta que la vió entrando a la sala con sus niñas, "ahora es" pensó. Cuando miró su rostro, era de seriedad, pero algo de dolor... un beso un abrazo y un "felicidades" marcaron el momento mientras sus niñas, ya confirmadas, decian a coro "uuuuuuy".

El salió de la sala como si nada, pensando en que la misión estaba cumplida, y que el regalo simbólico, ese de puño, letra y creatividad ya vendría de sorpresa al final de la jornada, pero sería entregado por su mejor amiga.

De ahí no supo más: si le gustó o no (aunque las malas lenguas dijeron que sí), y si lo habrá valorado o no... eso nadie lo sabe.