Decía tener 30, pero su amiga me dijo que tenía 35. Hacía eso para no verse tan mayor con los hombres. Para no parecer tan "vieja".
Tenía un encanto especial, un atractivo que te hacía caer. Una vez que descubrías ese encanto estabas perdido, era dificil quitarla de tu mente.
Me tuvo días y varias noches pensando en ella, en especial una noche: la noche donde nos dejamos de rodeos y confesamos mutuamente nuestras verdades. Yo sabía que era madre, tenía dos pequeñas niñas y vivía con su mamá. Hasta ahí siempre llegaba su relato, pero yo sabía más. Se había casado hace años con el padre de sus hijas, luego se separaron. Nunca me quedó claro si ella era la de la mala suerte con los hombres, o derechamente los hombres tenían mala suerte al fijarse en ella, porque los dos últimos (incluido su marido) la dejaron por otras mujeres. Y el "bonus track", después de una noche de pasión, no volvió a llamarla.
miércoles, 6 de julio de 2016
domingo, 3 de julio de 2016
Sueño de una tarde de abril.
Y todo había partido así:
Era una tarde de abril, creo.
Partió como una conversación en un parque, sobre un
columpio, el sitio ideal.
Partió así, como parte todo… como un sueño.
Pasó el tiempo, y el sueño se siguió alimentando,
fué creciendo a cosa de mis horas de trabajo, mis horas de
estudio, mis horas de sueño,
Y lo que me iba quedando de vida.
Pasaron los meses, años, vidas, y nunca se concretó. De ahí
vino la desilución,
la soledad,
la miseria,
las lágrimas,
las noches de borrachera y otras cosas más.
Todo había quedado en sólo un recuerdo, en un sueño de tarde
de abril.
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