lunes, 18 de enero de 2010

Sentía que era un paso hacia atrás en su evolución, y odiaba sentir eso. Para evitar el caos caminó por pasillos sin rumbo, mientras un montón se cruzaba un montón de gente que anda de "shopping" o "vitrineando" . Encontró a su camino a viejos conocidos, pero siguió su camino.

Llega su destino... 8 pisos lo separan de poder decir "misión cumplida". No contesta a los llamados, quiere tomar el ascensor, llegar al octavo piso, entrar a la habitación ochocientos y algo, pero no lo hace. Se sienta en el frontis y ahí pasa casi media hora, pensado ¿a qué iré? ¿a ver a personas que, sabiendo quién soy, no les interesa que forme parte de sus vidas?. Quizás sea orgullo, un poco de timidez y dignidad, pero no lo hizo. Caminó por la calle bajo 30 grados de calor. Tomó su teléfono y llamó a alguien. Le contestó la misma voz dulce y tierna de siempre. Caminó hacia ella... las piernas no fueron capaz de moverse para tomar el ascensor, pero sí fueron capaces de caminar un kilómetro aprox. para ir en búsqueda de aquella princesa encerrada.

Música en los oídos, pecho apretado y ojos casi lagrimosos, pero seguió adelante. Se fundieron en un abrazo y todo lo malo pasó al olvido: la princesa se liberó y el se sientió un poco más valiente.

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