viernes, 5 de marzo de 2010

Y acá estoy con el nudo en la garganta,
escondiendo las lágrimas nocturnas bajo la almohada,
mientras que por las tardes mis ojos se pierden ante tí,
y mi cabeza da vueltas en una nuble lejana.
Busco un abrazo, como la mejor cura para todo.
El abrazo que mi piel extraña.

Las campanas me llaman,
y mientras veo de rodillas el altar, pido una señal
sin saber que la señal la tengo yo mismo.
Que no cambie, que nada cambie, para que todo siga en la memoria.
Para que las eternas conversaciones de invierno, sean el mejor premio para un día de trabajo y estudio.
Para que un tibio beso, sea lo mejor del fin de semana.

Hay cosas que nunca morírán, y aunque no se quiera, los recuerdos son una de esas cosas que no se olvidan ni mueren.


{Botar el escudo cuando... al parecer ya nada se puede hacer...}

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