Es como si aún estuvieses ahí recostada en el pasto, jugando con las nubes mientras de tu corazón salía un sí, ante la terrible pregunta.
Tu cuerpo no sabe cómo reaccionar: un abrazo, un beso y quizás que más…
Caminabas hacia la estación con una ilusión en el corazón, mientras el reloj seguía pasando y el mundo se olvidaba de nosotros. De dos tontos locos que por un momento soñaron un futuro, y lo comenzaban con un “sí, acepto”.
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