3 am, y todo el mundo duerme... casi todo el mundo, en la habitación ronda un zancudo, y por la ventana entra la luz del foco de la calle mientras el mira el techo y abraza a aquel cuerpo fermenino, cálido y suave que duerme a su lado, y pensaba en una frase de una canción de Arjona "Que no amanezca por favor".
En su casa sólo sabían de una llamada donde avisaba que no llegaría a dormir, del resto ni idea. La melodía de los mil demonios había comenzado a sonar, y la locura se volvía el metodo más cuerdo para hacer las cosas. No era un cuerpo, era un demonio. Sus ojos lo decían todo. Disfrutaba cada segundo, cada risa y cada tema de conversación, mientras de la habitación del lado se oían gemidos, ellos sólo reían y de ese momento surgió un beso cálido que llevó a que aquellos gemidos de la habitación del lado fueran una especie de canción de cuna comparado con la locura que ellos estaban cometiendo. Eran algo más que dos cuerpos sedientos de probar algo prohibido, moralmente incorrecto para el mundo, eran mucho más que eso. Fueron viles demonios que se sentían en el lugar más alto del firmamento.
Ella dijo: no quiero que me dejes después de esta noche , a lo que él respondió: te quiero, pero no quiero lastimarte... pero no soy capaz de alejarme de tí después de esta noche...
Con la mirada al cielo ella respondió: creo que mañana será otro día, pero ahora es de noche... nuestra noche.. buenas noches.
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