jueves, 28 de abril de 2011

mi otro yo.

Quizás seamos muy distintos por donde se nos mire, pero cuando estamos frente a frente siento esa conexión única, en donde el reflejo de sus ojos, la ternura e inocencia que transmite, conmueve hasta mi alma casi congelada. Me cuenta de su vida mientras yo la escucho, me rio de su risa y la cuido cuando se siente sola.

Es única, porque en las noches de frío se despierta para ver si estoy abrigado o si ya me destapé de nuevo, algo que sólo ha hecho mi mami cuando yo era niño... demonios.. como me encantaría volver a ser niño y volver a tener esa inocencia, que fui perdiendo con los años, Pero ella la tiene y por más que la miro pienso "ella tiene esa inocencia que perdí", y eso la hacer ser mi otro yo, ese que se perdió en el camino entre la niñez y la adolescencia, y que ahora justo cuando voy caminando hacia la adultez aún extraño, pero Dios revolvió nuestros destinos y la puso aquí frente a mí con sus ojos de cielo, con su inocencia que admiro y quisiera recuperar y con su amor incondicional, ese que hizo que mi danza con la muerte se terminara, y me devolviera las ganas de seguir viviendo y luchando... hasta el final.. hasta que la muerte nos separe.

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